[ Pobierz całość w formacie PDF ]
.Te lo hadicho el "inglis"? S.Dónde est?Al-Ovsad sealó la lancha con el dedo. All.T no vayas, descansa. Descansa-adescansa. dijo Kravtsov para s con enojo, y escurriendo el bulto sedeslizó hacia Bramulla y Stamm, a travs del cerrado crculo de periodistas.Estabanhablando con el ya conocido japons entrado en aos, junto a la pasadera extendidahasta la lancha.Kravtsov se avergonzó de su somnolencia.Saludó tmidamente y Bramulla, tomndolodel brazo, lo atrajo hacia el japons. Este es el ingeniero Kravtsov.Las arrugas de la cara del japons se extendieron en una sonrisa.Aspiró el aire confuerza y dijo en voz alta: Masao Tokunaga. Y agregó en un ruso bastante correcto : Ha conseguido usteddescansar? S, completamente.Hombre, mira quin es el clebre acadmico! En su tiempo, hace veinticinco aos,este acadmico, con el primer grupo de cientficos japoneses examinó las cenizas deHiroshima e intervino con una declaración iracunda contra el arma nuclear.Se deca queTokunaga tena unas enfermedad ocasionada por la radiación.La verdad era que suaspecto no era muy bueno que digamos. Seor Tokunaga  dijo Kravtsov.Permtame pasar a la lancha. Sabe usted con qu misión zarpa la lancha? No.Tokunaga se sonrió reservadamente.  Yo conozco muy bien la plataforma  dijo Kravtsov sintiendo que se le suban loscolores a la cara y.puedo ser til.En este momento se les acercó el acadmico Morózov. Ultimas noticias, Tokunaga-san  le comunicó alegremente.El localizador sealauna altura de la columna de unos treinta kilómetros, y que se desplaza a la velocidad deochocientos metros por hora; pero esto hay que comprobarlo. Treinta kilómetros!  exclamó uno de los periodistas. As es.Bueno, ya est todo preparado?  Morózov se puso a bajar la pasadera.Kravtsov, usted viene con nosotros? S! Vamos, pues.Descendieron y se metieron en la lancha, e inmediatamente un marino, con unempujón, la separó del rellano inferior de la pasadera.La lancha empezó a deslizarse a lolargo de la blanca borda del "Fukuoka".Morózov agitó la mano despidindose y Tokunagarespondió asintiendo tristemente con la cabeza.Kravtsov saludó a Will, Jim Parkinson y Chulkov. Usted no poda faltar aqu  le dijo a Chulkov. Claro est!  se sonrió ste.Adonde vaya usted, all voy yo. Sin desayunar?  le preguntó Will a Kravtsov. Eso no es nada  dijo Kravtsov.Will le miró pensativamente chupando la pipa y echando humo de vez en cuando.Adems de ellos, en la lancha iba un joven rubio a quien no conoca Kravtsov, con unacamisa muy pintoresca en la que haba un dibujo representando la montaa de Fuji Yama.Estaba ocupado con los aparatos y hablaba con Morózov en voz baja.Haba cinco o seisaparatos.El mayor pareca una botella de gases, y el menor, en un pequeo estuche demadera, lo tena en las manos el muchacho.A medida que se acercaban a la plataforma, iban cesando las conversaciones en lalancha.Todas las miradas estaban clavadas en la columna negra que surga de entre unanube de vapor.En aquel momento ya no le pareció a Kravtsov un delgado hilo inofensivo:tena algo de horroroso y amenazante. S-i-i  dijo Morózov despus de un rato de silencio.Vaya rabito que le ha salido anuestra Tierra madre.Cerca de la plataforma, el agua estaba intranquila.La lancha se acercó al muelle, yMorózov, antes de nada hizo introducir en el agua un recipiente con un termógrafo paramediciones de temperatura durante largo tiempo.Despus trasladaron los aparatos a lacabina del montacargas y subieron a la cubierta superior de la plataforma. Uf, como en una caldera hirviendo!.Kravtsov miró preocupado a Morózov: al fin yal cabo era un hombre ya entrado en aos, cómo soportara este calor infernal?Morózov, baado de sudor, se pona el traje de lana de vidrio y todos se apresuraron ahacer lo mismo. Todos me oyen?  se oyó en el casco laringofónieo de Kravtsov la voz deMorózov.Muy bien.Entonces empezaremos las mediciones preliminares.LasRediciones las haremos cada veinticinco metros.Yura, lo tiene todo preparado? S, Vctor Konstantnovich  contestó el muchacho rubio.Resultó que era el tcnicode loa aparatos. A empezar!Jim Parkinson fue siguiendo los rieles hacia el centro de la plataforma desenrollando elmetro de cinta.Despus de medir veinticinco metros desde la borda, mojó la brocha en elcubo con pintura de minio e hizo una seal roja.Morózov apretó un botón y pegó el ojo alocular que sobresala del recipiente parecido a una botella de gas.Estuvo mirando largorato.Su ojo se iluminaba con los relmpagos de luz del ocular.Despus, Morózov sacóuna libreta de notas, se quitó la manopla de la mano derecha y empezó a escribir. Mientras tanto, Yura anotaba las indicaciones de otros dos aparatos, y Will estabaatareado con su magnetógrafo.Morózov le encargó a Kravtsov la medición de laradiactividad.Yura y Chulkov trasladaron los aparatos hasta la seal hecha por Jim, a doscientosveinticinco metros de la columna negra, y se repitieron las mediciones.Jim avanzó con elmetro de cinta midiendo los veinticinco metros siguientes, y Kravtsov le observabapreocupado.Claro que la distancia hasta la columna, an era respetable, pero quinsaba a qu distancia empezara aquel da a atraer. Camarada Kravtsov  se oyó la voz de Morózov , a qu distancia empezó a atraerayer a Chulkov la columna? Aproximadamente a diez metros. No haba diez  dijo Chulkov.Unos ocho. No, no  replicó Kravtsov y, echndole una mirada a Jim, lo repitió en ingls. Doce yardas exactamente  declaró Jim , ni una pulgada ms.Morózov rió brevemente. Investigadores  dijo , pongan los aparatos en la carretilla.Parkinson, vuelva usted.Vamos a avanzar juntos.De pronto, la cubierta empezó a bailar El larguirucho Jim cayó sobre el cubo conpintura.Yura cayó de espaldas sujetando contra el pecho el estuche con el gravmetro decuarzo [ Pobierz całość w formacie PDF ]

Archiwum